San Ramón: pueblo de contrastes
11 junio 2011 at 6:56 PM Deja un comentario
San Ramón pueblo querido, pueblo donde yo me crié, son tantos los recuerdos que guardo en mi mente, que jamás lo olvidaré. Sí… jamás lo olvidaré a pesar de que en los últimos tiempos, mi pueblo añorado se ha ido deteriorando poco a poco. Ya no se topa uno con grandes señorones que nos daban consejos como los desaparecidos Edwin López, Don Angel Losilla, Don Glauco Araya, Merceditas Mora, Quina Vásquez, el Dr. Lobo, Efraín Orozco, Chato Flores, Lalo Herrera, Félix Esquivel y gran cantidad de hombre y mujeres que dejaron huella en este próspero cantón.
Por el contrario, en estos días hemos leído en los periódicos que han sido condenados muchas personas por andar delinquiendo en San Ramón y en sus alrededores. Se acabó la paz y la tranquilidad que en otrora disfrutamos en esta apacible ciudad. Conforme avanza el progreso, así avanza el deterioro en nuestro cantón, parece paradógico, pero así es. San Ramón es un pueblo culto por naturaleza. Recordemos que aquí estuvo la Escuela Normal formando educadores, hay una Sede Regional de la Universidad de Costa Rica, existen muchas universidades, escuelas y colegios privados. Y en pocos días, se empezará a construir la sede del INA. Todo esto es excelente; sin embargo, el parque de San Ramón está tomado por drogadictos, por alcohólicos, que no dejan en paz a las familias que llegan a disfrutar de la naturaleza. En el pretil del muro de la Corte, que algunos dicen que es la barra más grande de San Ramón, todos los días y a toda hora, llegan a tomar licor, a escuchar música con altos decibeles, a hacer escándalo y a otras cosas más, gran cantidad de personas – hombres y mujeres – a vista y paciencia de las autoridades. Pero… tranquilos. Aquí no pasa nada.
Qué pasa moncheños. San Ramón se nos está yendo de las manos. No podemos permitir que personas inescrupulosas se adueñen de este pueblo que tanto queremos. Tenemos que hacer algo al respecto. Nuestro cantón es un pueblo muy sucio, nadie respeta el ambiente, las personas colocan las bolsas de basura a la orilla de las aceras para que los perros callejeros, que son muy abundantes, hagan de las suyas. A pesar de todo, yo sigo confiando en nuestra gente, yo sé que todo esto tiene que cambiar, San Ramón es un pueblo donde todavía el campesino trabaja la tierra y se sacrifica por nosotros. Todavía los valores están latentes en nuestra comunidad, no seamos tan indiferentes. Claro que sí se puede.
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